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La Revolución de la IA: ¿El fin del trabajo o la salvación de nuestra economía?

Renta Basica Universal

5 Lecciones de Gonzalo Bernardos

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el elefante tecnológico en la habitación. Para el trabajador medio, es una sombra de despido masivo; para el optimista digital, una utopía de ocio. Sin embargo, para el economista Gonzalo Bernardos, -ver perfil al final de este artículo- la IA no es un lujo, sino una necesidad existencial para una economía que, si bien hoy navega con vientos de cola gracias a la exportación de servicios, se comporta a menudo como un “barco sin timón” debido a la inacción política.

En este análisis, destilamos las verdades crudas y las promesas estructurales que Bernardos plantea para entender si la IA nos llevará al colapso laboral o a la salvación de nuestro sistema de bienestar.

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1. El imperativo de la productividad: El salvavidas de las pensiones

El debate sobre las pensiones en España suele evitar los datos más incómodos. Bernardos es tajante: España tiene las jubilaciones más generosas de la OCDE, con una tasa de reemplazo del 80,6% del último salario, frente al 51,5% de la media de los países desarrollados. Este escenario, sumado al envejecimiento demográfico, es un “naufragio” matemático anunciado.

La IA aparece aquí no como una amenaza, sino como el único motor capaz de generar el incremento de productividad necesario para sostener este nivel de vida. No se trata de trabajar más, sino de que la tecnología trabaje por nosotros para ensanchar el PIB. La ironía económica es fascinante: la herramienta que tememos que nos quite el empleo es la única que puede financiar nuestro retiro.

“La solución es un gran incremento de productividad. ¿Quién te puede proporcionar ese gran incremento? La inteligencia artificial. Es absolutamente imprescindible que la IA trabaje por ti mucho más de lo que tú estabas trabajando; nos soluciona el problema de las pensiones”.

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2. El fin del “cuello blanco” y la metáfora del robot Da Vinci

Históricamente, la automatización fue el verdugo del “mono azul” en las fábricas. Hoy, el objetivo ha cambiado: la IA apunta al “cuello blanco”. Bernardos advierte que estamos ante una transición donde la inteligencia mecánica sustituye a la inteligencia cognitiva repetitiva.

Para explicarlo, recurre a la metáfora del Cirujano y el Robot Da Vinci: la tecnología no elimina al cirujano, pero lo transforma. Pasamos del “cirujano artista” de pulso manual al “operador de robot” que supervisa una ejecución técnica perfecta. El valor ya no está en la ejecución mecánica del conocimiento, sino en la supervisión y el criterio. Aquellos que no logren esta transición —el administrativo que solo procesa datos o el traductor que no aporta matiz cultural— se enfrentan a un “futuro duro”.

Sectores en la línea de fuego:

  • Contables y Administrativos: Tareas de registro altamente automatizables.
  • Traductores: Sustituidos por la capacidad de procesamiento en tiempo real.
  • Atención al cliente: Un sector donde la eficiencia del algoritmo ya ahorra minutos (y salarios) frente al humano.

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3. El “Hermano Gemelo” y la regulación contra el monopolio

Bernardos propone imaginar la IA como un “hermano gemelo” sentado a nuestro lado, capaz de razonar más rápido y manejar volúmenes de datos inabarcables. Bajo este modelo, la jornada de 25 o 28 horas semanales cobrando lo mismo no es una fantasía, sino una posibilidad técnica derivada de la abundancia productiva.

Sin embargo, el economista matiza este optimismo con una dosis de realismo sistémico: el capitalismo tiene una “ambición infinita” y los mercados suelen premiar el despido para inflar beneficios. Para que la IA no estratifique la sociedad entre un 5% de ganadores y una masa en la pobreza, Bernardos aboga por una regulación valiente. Cita precedentes históricos como la ruptura del monopolio de la Standard Oil de Rockefeller o las tasas impositivas del 94% en la posguerra estadounidense. La riqueza debe distribuirse mediante el reparto del trabajo, no mediante la acumulación corporativa.

“Imagínate un mundo indiscutiblemente maravilloso en el que vivas más años, te puedas jubilar antes y, además, cuando estés trabajando, trabajes menos horas de las que ahora lo haces”.

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4. La falacia de la Renta Básica y el espectro del Peronismo

A diferencia de otros analistas, Bernardos se opone frontalmente a la Renta Básica Universal (RBU), a la que califica como un modelo de “subsidio a la pobreza”. Utiliza el ejemplo de Argentina para ilustrar cómo el peronismo ha utilizado las ayudas directas para crear “votos cautivos”, desincentivando la industria y el esfuerzo individual.

Su postura es clara: primero se crea la riqueza y luego se reparte, pero el reparto debe ser a través del trabajo digno y la reconversión, no de la dependencia estatal permanente. El peligro de la RBU es que genera una sociedad estancada que, al igual que los nostálgicos de los regímenes comunistas, prefiere una “precaria comodidad” donde no tiene que pensar ni elegir, antes que la libertad que otorga el progreso económico real.

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5. Negligencia política: “Poner la tirita antes que la herida”

La crítica más amarga de Bernardos se dirige a la clase política actual. Mientras que en EE. UU. la IA es un debate de seguridad nacional, en España los líderes parecen “estar a uvas”, evitando el tema para no dar malas noticias que puedan costar votos. Los políticos operan en un horizonte de cuatro años (las próximas elecciones), mientras que la IA exige una visión a diez o veinte.

Ante esta negligencia, Bernardos hace un llamado a la responsabilidad individual. No podemos esperar a que el regulador nos salve. La formación continua es el único escudo real. En sus propias palabras, el trabajador moderno debe “poner la tirita antes que la herida”, anticipándose a la obsolescencia de su puesto actual mediante el reciclaje en habilidades tecnológicas.

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Conclusión: ¿Arquitecto del futuro o rehén de la nostalgia?

Toda revolución tecnológica ha dejado víctimas, pero el resultado neto siempre ha sido una sociedad más próspera y sana. Bernardos nos recuerda que el éxito de esta transición depende de recuperar la “ética del trabajo” y el “espíritu de sacrificio” que caracterizó a generaciones anteriores. El futuro no pertenece a quienes esperan un subsidio, sino a quienes están dispuestos a aprender de nuevo.

La pregunta que queda en el aire es incómoda pero necesaria: ¿Está usted aprovechando hoy la IA para convertirse en un operador cualificado del “robot Da Vinci” de su profesión, o está esperando plácidamente a que el mercado lo convierta en una pieza de museo? De su respuesta —y no de la de su gobierno— dependerá su lugar en el mercado laboral de 2030.

 


Gonzalo Bernardos es un economista español nacido en Barcelona en 1962, profesor titular de Economía en la Universidad de Barcelona, donde también obtuvo su doctorado con premio extraordinario en 1994. Se especializa en el sector inmobiliario y actualmente dirige el Máster en Asesoría, Gestión y Promoción Inmobiliaria de la UB, además de ser colaborador habitual en medios de comunicación como La Sexta. Ha escrito más de 32 libros sobre economía, entre ellos “La gran mentira de la economía”, y se describe a sí mismo como alguien “muy sincero” que dice lo que piensa sin necesidad de quedar bien con nadie. Su estilo frontal y sus opiniones sobre el mercado inmobiliario, la economía española y las políticas públicas lo han convertido en una de las voces más reconocibles del análisis económico en España.

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